Sobre mí

Terapeuta ancestral, una síntesis de varios personajes: campesina ilustrada, fontanera emocional e investigadora de la conciencia. Busco unificar distintos abordajes terapéuticos desde una perspectiva integradora de la psicología con los enfoques más vivenciales y espirituales. Estas serían las corrientes principales, gestalt, eneagrama, astrología, constelaciones familiares, terapia de vidas pasadas, chamanismo y conexión con los maestros interiores; siendo los cuatro elementos (Fuego, Agua, Aire y Tierra), el hilo conductor que los conecta y envuelve.

Hace aproximadamente 30 años que inicié mi andadura terapéutica. Un viaje que comenzó una noche a través de la revelación de un sueño en el que visualicé por primera vez al Maestro interno, indicándome que había llegado la hora de ponerme al servicio de la evolución y la conciencia. La Gestalt fue la primera en abrir la puerta y después siguieron tantas otras.

La terapia gestalt juega un papel clave en el cocktail terapéutico que he practicado. Constituyó la puerta de entrada a mi mundo interno y me ayudó a conocer que existía un camino de bajada de la cabeza al corazón, que suponía un descenso desde mi universo mental a mis emociones olvidadas y sepultadas. Es la plataforma básica sobre la que discurre el resto de las terapias que aplico, pues como técnica va directamente enfocada a la conexión emocional y corporal, aspecto éste imprescindible para anclar las experiencias de autoconocimiento en el cuerpo, que de otra manera pueden quedarse en puro saber teórico y abstracto.

El eneagrama es un modelo de desarrollo humano y evolución que describe nueve perfiles psicológicos cada uno de ellos con sus aspectos positivos o virtudes esenciales y sus aspectos negativos, denominados pasiones. Cada uno de los eneatipos parte de una particular visión del mundo que actúa como filtro selectivo de la realidad. Estos filtros son un conjunto de creencias que sirven de consuelo y justificación para las diferentes conductas humanas. Cada una de esas personalidades está asociada a un patrón emocional y mental que implica una manera de ir por la vida

Luego llegó la astrología, que constituye uno de los primeros intentos históricos por conocer el alma humana. Si bien es cierto que el uso más divulgado en nuestros días ha sido básicamente adivinatorio, frívolo y predictivo, en las últimas décadas ha evolucionado hacia una práctica más rigurosa y psicológica y utilizada como instrumento útil para el conocimiento interno y ancestral.

La Carta Natal nos muestra la configuración global arquetípica que gobierna nuestra personalidad y nuestra vida en su conjunto. Nos señala dónde podemos encontrar tensiones y conflictos entre los principios arquetípicos implicados, así como a la inversa, la cooperación armónica entre ellos. El objetivo es tomar conciencia de estos arquetipos en los ámbitos espiritual, emocional, mental y físico.

Posteriormente estuve un tiempo con el proyecto de relación entre la astrología y el eneagrama. Ambos constituían dos sistemas de descripción de las tipologías humanas que podían complementarse y enriquecerse mutuamente.

Pero hasta que no conocí la terapia sistémica de las Constelaciones Familiares y el contexto transgeneracional, no pude comprender cuan condicionada estaba por mi familia y antepasados. Anteriormente dirigía mi trabajo interno y profesional por cauces más individuales y personales. Pero a partir de ahí se abrió un horizonte mayor que incluía la conciencia colectiva de la familia que se extendía a lo largo de generaciones.

Después de realizar la formación de Constelaciones familiares comencé a entrelazar esta vía de conocimiento con la astrología. Como resultado nace la elaboración del Árbol Astro-familiar. Este matrimonio contribuye a ampliar y enriquecer la lectura de una Carta Natal que incluye la relación de los símbolos y arquetipos planetarios con la historia de nuestros ancestros y los asuntos inconclusos.

Se trata de indagar en los embrollos emocionales que al igual que un ovillo van enredándose de una generación a otra. Por ello nos encontramos con historias que se perpetúan y quedan pendientes de resolver. Generalmente son los más jóvenes los que mantienen una lealtad invisible con determinadas problemáticas enquistadas, que vuelven a reeditarse en una versión actualizada para que puedan salir a la luz.

La terapia de Vidas Pasadas y las regresiones ocupan otro de los lugares destacados. Desde esta perspectiva se percibe cada encarnación como un fragmento del viaje del alma a través de muchas vidas. En las sucesivas encarnaciones, el alma ha ido desarrollándose a través de los diferentes personajes y la experimentación con los cuatro elementos, El Fuego, el Agua, el Aire y la Tierra, correspondientes a su vez con los cuatro cuerpos, el espiritual, el emocional, el mental y el físico.

Hemos de encontrar el gusto por aquellos alimentos renegados de nuestra cocina interna por prejuicios y traumas del pasado. Y justo eso es lo que hacemos cuando, a través de las regresiones a Vidas Pasadas, realizamos una incursión en nuestra alma para ver en qué momento decidimos inconscientemente repudiar ese alimento y desterrarlo de nuestro menú vital. Ahí comprobamos como por las viejas heridas de estos personajes de Fuego, Aire, Agua o Tierra hemos caído en el victimismo y hemos podido despreciar y excluir ese ingrediente de nuestra dieta básica.

Algunas de las herramientas chamánicas también pueden ser muy útiles para el desarrollo personal y esa fue la razón por la que decidí acercarme a ese campo. En una etapa de cansancio, hastío y depresión, en la que el sopor de las comodidades fue haciendo mella en mi vida, consideré que necesitaba regresar de nuevo a la Madre Tierra y a sus enseñanzas, para enfrentarme a la pereza existencial que sutilmente me iba devorando por dentro.

No puedo dejar de conceder la importancia que merecen quienes, durante milenios, han ejercido la labor de psicólogos en las comunidades tradicionales. En todas las culturas primitivas el chamán, el hombre o mujer medicina, ejercieron la tarea de médicos del cuerpo y el alma, tratando a ambos como una unidad inseparable, como a una unidad. Esta conexión del chamán con el mundo espiritual, permitió que estas culturas se impregnaran de espiritualidad y contemplasen desde esta perspectiva todo cuanto acontecía en el mundo terrenal.

En nuestra cultura occidental tenemos una imagen un tanto mítica e idealizada del chamanismo que no comparto. En muchas ocasiones aparece envuelto en una aureola de pureza, sabiduría y serenidad. Pero no se trata de un pasado dorado y maravilloso al que tengamos que retornar, sino de conocimientos y relaciones con el espíritu y la naturaleza que son dignos de rescatar y preservar. Esta llamada a revalorizar la tarea de los chamanes no significa que, desde un ideal romántico, pretenda elevar a estas personas a ningún mítico estatus de perfección porque, como cualquier ser humano, también tienen sus sombras y limitaciones.

Para facilitar todo ese proceso utilizo en el trabajo terapéutico una conexión con el Santuario Interno, desde donde ir labrando poco a poco la intuición y la conexión con los Maestros o Guías internos. El fin de esta tarea es la recuperación paulatina del ser transpersonal que haga posible la creación de un espacio de desidentificación con la personalidad. Esa es una manera de ir limpiando y purificando nuestro karma, que en resumidas cuentas tiene que ver con nuestros apegos y asuntos pendientes.

Un poquito sobre la vida de una campesina ilustrada

Me gustaría comentarles algo acerca de mi vida y del ateísmo del que procedo. Yo nací en La Aldea de San Nicolás, un pueblo del noroeste de la isla de Gran Canaria, un nueve de noviembre del año 1958. Me crié en una familia que empleaba la agricultura como medio de subsistencia, y después de estar unos años en el colegio, decidí dejar los estudios a los 12 años para trabajar en el empaquetado de tomates y en la agricultura y “hacer mi vida”.

No obstante, retomé nuevamente los libros a los 17 años. Terminé la carrera de Sociología en Madrid, especializándome en la rama de Psicología Social, y entre una manifestación política y otra, luchaba contra unos ideales impuestos desde mi infancia y contra una injusticia social y política.

Y así se sucedieron los años, situada en un extremo ateísmo y en un poner en quienes me rodeaban todo lo que no lograba ubicar dentro de mí. A los 30 años, entré en una crisis profunda en la que sentí el vacío y el desgaste de todas las rebeliones pasadas (de esta y otras vidas), carentes de sentido en aquel momento. Así que me aislé del mundo durante varios años y comenzó una introspección muy dolorosa, que dio lugar a un antes y un después en mi vida.

Una noche, mientras dormía, se apareció en mis sueños mi Guía espiritual y me dijo: “Ha llegado el momento de empezar tu tarea y Servicio al Espíritu Creador, no puedes esperar más”. Yo del susto me quedé sentada en la cama: “Pero qué voy hacer yo, una mujer escéptica, de tan poca fe, esto tiene que ser una pesadilla.” Y me volví a acostar, aunque no pude pegar ojo en toda la noche. Al día siguiente me sentía intranquila y preocupada con la llegada de la noche, por si volvía a soñar con lo mismo. Una vez que me quedé profundamente dormida, se me apareció el Guía de nuevo y antes de que pudiera hablar, me quedé sentada en la cama de un brinco.

Fue entonces cuando descubrí lo que quería hacer con mi vida y me encontré con la presencia de un gran amor. Ahí pude observar con claridad la polaridad entre mis má0scaras y mi alma. Durante estos últimos treinta años he encauzado mi vida en el sendero de aquel gran descubrimiento: La conciencia personal y universal.

Desde ese momento camino en el aprendizaje de sostener el dolor y la alegría de la transformación y muerte de mis antiguos yoes o viejos personajes. Paso a paso voy recorriendo los elementos en todo un proceso de pulido. Mientras gradualmente vacío los pesos de mi mochila para que mi alma pueda fluir ligera en su viaje por el río de la Vida.